Animales

Un bebé cocodrilo le pregunta a su papá:
Papá, ¿algún día tendré mucho dinero?
Sí, hijo.
¿Cuándo papá?
¡Cuando seas billetera!

Era una vez un señor que tenía una gata y ya no la quería más, entonces se fue al monte y la tiró. Después de unos días la gata regresó, y el señor se la llevó y la tiró del otro lado del monte, y la gata volvió. Entonces, le preguntó a su compadre, cómo lo podía hacer para que no volviera y éste le dio algunas indicaciones.
El señor le da las indicaciones, cruza el monte, ve al río y crúzalo, voltea a la derecha, luego a la izquierda, otra vez a la derecha, cruza el puente y deja la gata.
Después de una semana el señor llegó con el compadre todo sucio, cansado, hambriento, desvelado y sediento, y el compadre le pregunta:
¿Cómo te fue?
Y el señor le contesta:
Hombre compadre, si no es por la gata, ¡no regreso!

Estaban todos los animales de la selva listos para correr en las olimpiadas de los animales. Cuando empieza la cuenta regresiva para correr:
3, 2, 1, ¡arrancar!
Todos corren, pero a media carrera se fatigan y van quedándose uno a uno. Al final sólo queda la hormiga y el elefante peleando por el primer lugar, cuando de repente se oye un temblor, ¡punnnnnnttt! El elefante había pisado a la hormiga, y todos los habitantes de la selva le empiezan a gritar:
¡Asesino, asesino!
Y el elefante responde:
¡No, sólo le quería meter el pie para que se cayera!

Va paseando un tipo muy rico por la calle con sus dos perros doberman carísimos que habían ganado miles de peleas; cuando derrepente encuentra a un vago con un perro todo feo callejero, chico, maloliente, y le dice el rico al vago:
A ver, te echo una pelea, un perro mío contra el tuyo.
Y el vago voltea y le dice:
Orale, si quieres los dos contra mi perro.
Empieza la pelea, y cuando acaba, acaban todos los perros muertos; entonces el rico se pone a llorar y le dice al vago que sus perros le habian costado cien mil dólares cada uno; entonces el vago le dice:
¿Y tú cuánto crees que me costó la cirugía plástica de mi cocodrilo?

Caminaba un misionero por la sabana africana, cuando de repente vio aparecer ante si, un león enorme.
El misionero miró a la derecha e izquierda, pero no encontró ningún lugar para ocultarse; ante lo cual comenzó a rezar, diciendo:
Señor, infunde a este animal sentimientos cristianos.
Ustedes dirán que la oración no es eficaz, pero en éste caso sí que lo fue, porque ¡Milagro!
El león se arrodilló y dijo:
Bendice señor este alimento que vamos a comer debido a tu bondad, amén.