Era una vez
Era una vez una iglesia con el techo tan, pero tan bajo, que en lugar de que el padre dijera podéis sentaros decía cuerpo a tierra.
Era una vez un hombre tan tacaño, tan tacaño, pero tan tacaño, que una vez estaba soñando que estaba comiendo y le tocaba pagar la cuenta, se despertó.
Era una vez una olla que no quería ser olla, y fue olla a presión.
Había una vez un señor que le dice enojado al mesero:
¡Mesero, ya le he pedido 100 veces un vaso con agua!
Entonces, el mesero dice:
Rápido, tráiganle 100 vasos de agua al señor.
Era una vez una fiesta de puntos, de repente tocan a la puerta y abre el punto, este se queda mirando y dice:
No puedes entrar, eres una coma.
Y la coma dice:
No soy una coma soy un punto.
Y el punto le cierra la puerta en la cara. Más tarde vuelven a tocar la puerta, cuando el punto abre la puerta dice:
Otra vez tú, te dije que no puedes entrar porque eres una coma, y esto es una fiesta de puntos.
Y el punto vuelve a cerrar la puerta en la cara. Luego vuelven a tocar la puerta.
Cuando el punto abre la puerta dice:
¡Tú otra vez! ¡Te he dicho dos veces que no puedes entrar!
Y la coma dice:
Déjame entrar que soy un punto, ¿no ves que tengo gel para el cabello?
