Había una vez…
Era una señora tan, pero tan delgadísima, que cuando quería usar collar, se ponía a comer chícharos.
Había una vez dos huevos en una mesa, uno se cae al piso y se revienta y el otro se totea de la risa.
Había una vez un cine muy famoso en el que trabajaba un acomodador, el cual trataba a los clientes como reyes, los llevaba a sus respectivos lugares y estos siempre quedaban tan contentos que le daban propina. Un día llegó un señor muy avaro el cual no le dio propina al acomodador. Bueno, comenzó la película y el acomodador de cine estaba tan furioso que le dijo al señor avaro:
Oiga, señor, ¡El asesino es el mayordomo!
Había una vez un barco que se varó y todos se bajaron a empujar.
Había una vez un río tan pequeño, pero tan pequeño, que solo tenía una orilla.
