Locos
Estaba un loco en el manicomio arrastrando una lata de sardinas amarrada a una pita.
Y el enfermero le dice:
¡Muy bonito su carro!
Y responde el loco:
¡Bruto!, no ve que es una lata de sardinas.
Un loco echa su reloj en un estanque y otro loco le pregunta:
¿Por qué lo has hecho?
Para ver si nadaba.
¿Le habías dado cuerda?
No.
Pues entonces, ¿cómo querías que nadara?
En un manicomio, estaba el loquito Ramírez paseando por el jardín y arrastrando un ladrillo amarrado de un lazo, a quien le decía:
Piss, piss, piss, vamos Fifi, vamos.
El siquiatra que lo atendía lo estaba mirando y pensó: "Este pobre Ramírez cada día está más loco" y se acerca y le dice:
Oiga Ramírez, ¿A quién cree usted que está arrastrando ahí?
El loquito le responde:
Pues, ¿No ve doctor que es un ladrillo? ¿O no me diga que no reconoce lo que es? ¿O es que está loco?
No, por supuesto que no, solo quería confirmar que usted sabía.
Y el doctor se va.
Luego que el doctor se va el loco le dice al ladrillo con una risa burlona:
¡Vamos Fifi, vámonos que ya lo engañamos!
Estaba un señor carcajeándose pero carcajeándose a carcajadas y le dice una señora:
Oiga pos, ¿qué tiene usted?
Y el señor le responde:
Es que me estaba contando chistes y éste no me lo sabía.
Este era un manicomio donde todas las noches un loquito esperaba que todos los demás locos se durmieran para correr por los pasillos del internado repitiendo:
Ahí va la cebollita, ahí va la cebollita...
Llegaba a la alberca, se subía al trampolín y sin dejar de repetir su letanía, se dejaba caer al agua. Pero otro orate que conocía lo que a diario hacía por la noche su "colega" decidió, una de esas noches, sacarle el agua a la piscina y así, el de 'ahí va la cebollita' se diera tamaño mandarriazo. Así que no tardó mucho el loco aquel en arrancarse con su rollo de todas las noches:
Ahí va la cebollita, ahí va la cebollita...
Y al llegar hasta lo alto del trampolín, vio que no había agua y dijo:
Oh, ahora no hay caldo, pues ahora no hay cebollita, y regresó a su dormitorio.
