Tacaños

Era un señor tan tonto, tan tonto, tan tonto, que vendió la moto para comprar gasolina.

Esta era una vez un hombre tan tacaño, pero tan tacaño, que no tomaba coca cola por no botar los gases.

Este era un hombre tan, tan tacaño, que cuando murió su esposa se casó con la cuñada para ahorrarse la suegra.

Era una vez un señor tan tacaño, exageradamente tacaño que no se paraba en el sol por no dar sombra.

-Amigo, ¿Puedes guardarme un secreto?-
-Sí-
-Necesito 5.000 dolares-
-Como si no me hubieses dicho nada-