Vendedores
¿Tiene trajes de camuflaje?
Los tenía, pero no los encuentro.
Un vendedor se dirige hacia un señor que va a viajar. El vendedor tiene en sus manos dos grandes maletas, pone las maletas en una silla cercana y le dice:
Mire señor, estoy vendiendo este reloj.
El señor le responde:
No gracias, tengo reloj.
Pero este es un magnifico reloj, mire lo que hace, y el vendedor presiona un pequeño botón y sale una pequeña pieza musical.
El señor le responde:
Gracias, pero tengo radio.
Pero eso no es todo, dice el vendedor y le pide su número telefónico, y presiona un pequeño botón y se encuentra llamando a su casa.
El señor convencido le pregunta al vendedor:
¿Cuánto cuesta?
Eso es lo mejor, solo cuesta 200 pesos, dice el vendedor.
Está bien, responde el señor.
Mire es suyo, que le vaya bien, y se va.
En eso lo llama el señor y le dice:
¡Dejó sus maletas!
Y el vendedor le responde:
¡No, esas son las baterías!
Va un paletero en su bicicleta muy tranquilo por una calle. Por otra calle va el joven de la pizzería en su motocicleta a gran velocidad. El paletero muy tranquilo sigue su venta. El joven de la pizzería muy apurado pues se va a cumplir los 30 minutos y no le van a pagar. Cuando en una esquina se encuentran el paletero y el de la pizzería y chocan. El paletero sale volando, las paletas se riegan y el de la pizzería muy asustado comienza a gritar:
¡Oh Dios mío, maté al paletero, llamen a una ambulancia que maté al paletero!
El de la pizzería le pregunta al paletero que estaba tendido en el piso:
¿Qué le pasa señor, que tiene, que tiene?
Y el paletero moribundo responde:
Maaanngoo, Maraacuya, Piiña...
Un señor va a la ferretería y le pregunta al vendedor:
Buen día señor, quería saber si tiene serrucho.
No.
¿Sierra?
Mas o menos a las 8 de la noche.
Este es un frutero que dice:
¡Vendo melones! ¡Vendo melones!
Dice el loro:
¡Y todos podrios! ¡Y todos podrios!
El frutero enfadado le mete un puñetazo al loro en el ojo.
A la mañana siguiente:
¡Vendo melones! ¡Vendo melones!
Contesta el loro:
¡Y todos podrios! ¡Y todos podrios!
Otra vez le da un puñetazo en el otro ojo.
Al otro día, dijo el frutero:
¡Vendo melones!
Dice el loro:
¡Y yo cupones!
